Padre hoy te damos gracias por este nuevo día, no permitas que los afanes de la vida nos distraigan y no nos permitan ver lo que tú quieres hacer con nosotras. Ayúdanos a crecer en fe y que los problemas que vengan no nos nublen y nos quiten la fe, sino que cruzamos aún más en ella. Amen.
“Había allí un centurión cuyo siervo, a quien él estimaba mucho, estaba enfermo, a punto de morir. Cuando llegaron ante Jesús, rogaron con insistencia: —Este hombre merece que le concedas lo que te pide: Así que Jesús fue con ellos. No estaba lejos de la casa cuando el centurión mandó unos amigos a decirle: —Señor, no te tomes tanta molestia, pues no merezco que entres bajo mi techo. Por eso ni siquiera me atreví a presentarme ante ti. Pero con una sola palabra que digas, quedará sano mi siervo. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores y, además, tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno “ve” y va; y al otro, “ven” y viene. Le digo a mi siervo “haz esto” y lo hace. Al oírlo, Jesús se asombró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, comentó: —Les digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande. Al regresar a casa, los enviados encontraron sano al siervo.”
Lucas 7:2, 4, 6-10 NVI