Señor qué hermosas son las mañanas que empiezan contigo. Gracias por el regalo de tener tu presencia en mi vida. Te amo y busco glorificarte en todo tiempo por eso hazme entender que lo que tú has hablado a mi vida ha sido sellado por un amen del cielo. Creo pero aumenta mi fe para que mis manos puedan tocar y mis ojos puedan ver lo que tu boca ya ha hablado.
Amen.
“En tiempos de Herodes, rey de Judea, hubo un sacerdote llamado Zacarías, miembro del grupo de Abías. Su esposa Elisabet también era descendiente de Aarón. Ambos eran rectos e intachables delante de Dios; obedecían todos los mandamientos y preceptos del Señor. Pero no tenían hijos, porque Elisabet era estéril y los dos eran de edad avanzada. El ángel dijo: —No tengas miedo, Zacarías, pues ha sido escuchada tu oración. Tu esposa Elisabet te dará un hijo y le pondrás por nombre Juan. Tendrás gozo y alegría y muchos se regocijarán por su nacimiento,”
Lucas 1:5-7, 13-14 NVI